Y es entonces cuando recuerdas que no solo involucraste el cuerpo, el corazón, involucraste tu ser, tu conciencia, tu timidez y tu extroversión, tu locura y la cordura que te queda. Regalaste el significado de tus gestos, y aprendiste otros, los cuales te hacen sonreír, jugaste con fuego, y te quemaste con hielo; y entonces, solo entonces, caes en la cuenta de lo que ha sucedido.

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